Eric Martínez Méndez / sierranorte.tez@gmail.com
Estrella de cinco puntas
Eric Martínez Méndez

ANGELES Y HEROES

La mañana del lunes 4 de octubre de 1999 la voz de José Sánchez Núñez fue lo único que escucharon los serranos a través de la XEFJ, la emisora cuya antena milagrosamente no había caído con el temporal.

Y fue, momentos antes de la tragedia que enlutó a cientos de familias, la única voz de alerta que advirtió a sus radioescuchas tomar precauciones, porque la pertinaz lluvia que desde el día 2 por la tarde afectó la zona, había provocado deslaves que taponaron las carreteras y antes de las 8 de la mañana, literalmente, estábamos incomunicados.

Me extrañó que fuera él quien abriera las transmisiones esa fría mañana, por ello lo alcancé en cabina. Quienes lo conocemos sabemos que la función de Pepe Sánchez en la estación de radio ha sido más administrativa que de locución, por lo cual y para obviar las naturales interrogantes explicó que su personal no había logrado llegar a laborar.

Estamos incomunicados, me dijo. Me senté frente a los micrófonos y desde muy temprano ese lluvioso lunes acompañé al gerente de la XEFJ en lo que es, hasta ahora, el ejercicio de comunicación social más importante que se haya registrado en la historia reciente de la perla serrana.

Antes de irme a la estación de radio, a las siete de la mañana me reuní con Rosalva Flores, Ignacio González y Carlos Martínez, reporteros con quienes hacía Cambio de Teziutlán. Les encomendé ir a los lugares donde ocurrieron los deslaves, tomar fotografías y recabar información. Abordaron un taxi que los llevaría a los barrios hasta La Legua y quedamos que se reportarían a la redacción del periódico.

Incluso, enterado de los deslaves por el director de Seguridad Pública, Amadeo Andrade, le llamé a Javier Jiménez, un excelente camarógrafo que le hacía cámara al corresponsal de Televisa. Me dijo que se iría en moto a levantar las imágenes.

No paraba de llover, aunque no era un aguacero, más bien una lluvia que caía parejita minuto a minuto.

En la cabina de la XEFJ nos afanábamos por encontrar al ingeniero Raúl Escobar Mesa, entonces titular de la CORDE 3 porque la gente preguntaba a Pepe Sánchez si la SEP suspendería clases. Hasta antes de las 8 de la mañana los deslaves y que la XEOL estuviera fuera del aire, eran comentarios de interés.

No lo sabíamos entonces, pero providencialmente -y si usted me permite decirlo así, sin pretensión alguna- Dios nos había dispuesto a cada uno en el lugar preciso y a la hora exacta para atender los eventos naturales y dramáticos que antes de las 10 de la mañana se convirtieron en la tragedia de la década, como el mismo presidente Ernesto Zedillo tituló a ese desastre climático.

En medio del azoro y del caos de ese desastre, involuntaria y si providencialmente, Pepe Sánchez, se convirtió en un mariscal de campo.

Poco antes, a los radioescuchas les contábamos que la veintena de policías municipales -que incluía los dos turnos- estaban exhaustos por haber paleado tierra para despejar los caminos desde el día domingo, que por eso no había transporte público y mucha gente no llegaría al trabajo.

La CORDE 3 confirmó que no habría clases y que avisaran a los chamacos amontonados en las entradas de las escuelas y a los que corrían por las calles del centro en medio de la lluvia, que se regresaran a sus casas.

De vez en vez Pepe Sánchez externaba su preocupación por el personal de la XEFJ, que no llegaba. De pronto todo cambió. Le pasan una llamada telefónica para notificarle la tragedia. Voltea a verme y me dice: “…que se cayó La Aurora… que hay muchos muertos”…

Esa mañana los reporteros de Cambio de Teziutlán, avisados del desplome múltiple de casas, cambiaron de planes.

Rosalva Flores logró llegar a lo que fue La Aurora, un asentamiento irregular que pobló la barranca El Colibrí que se desparramaba detrás del panteón municipal, y desde el teléfono de la familia cuya casa fue la única que quedó en pie en ese fatal deslizamiento, emitió el primero de los trágicos reportes de ese desastre, tan trágico que el mismo Pepe Sánchez se negaba a creer.

-¿Quién lo dice al aire? -Preguntó.

El riesgo de un error de esa magnitud lo ponía contra la pared. Yo asumí la responsabilidad en función de que Rosalva reporteaba para mí. Le pedí que no cortara la comunicación, que dejara la línea abierta y que nos dijera con toda claridad qué es lo que estaba ocurriendo.

Su reporte salió al aire. Y es aquí que empezó a florecer con inconmensurable fuerza el espíritu de la solidaridad que en medio del dolor, de la angustia y los miedos, hizo que Teziutlán se pusiera de pie nuevamente.

Rigurosamente Rosalva no dio una noticia en frío. Usó el único canal de comunicación social que Dios dejó funcionando para decirle a los teziutecos que para rescatar a sus familiares la gente escarbaba con las manos entre el lodo y los escombros de las casas, por lo cual hacían falta palas y mucha ayuda para salvar a las víctimas.

Ahí ocurrió el primer milagro. Pepe Sánchez secundó su llamado y un montón de voluntarios, rescatistas improvisados, empezó a llegar a la desaparecida colonia. La XEFJ se convirtió entonces en un centro de operaciones desde el que se coordinaron muchas acciones heroicas.

Estoy convencido que Dios hizo de la XEFJ ese formidable centro de operaciones. Tan pronto supimos que la tragedia se había repetido en Huehueimico convocamos a jóvenes voluntarios para formar brigadas de rescate.

El primero de muchos grupos que llegó por instrucciones a la cabina de radio, lo capitaneaba Guillermo Nava, que se había fabricado improvisadamente un impermeable con un trozo de nylon amarillo y que amarró a su cintura con una cuerda de plástico. Hubo otros más, muy temerarios, como el de Gastón Graillet. Y ahí mismo le pedimos a Octavio Aguilar crear las brigadas voluntarias de la UPN 212.

Esa misma mañana nos percatamos de la importancia que en medio de un desastre de esa magnitud tiene la comunicación coordinada. Ahora parece increíble pero esa mañana las colonias periféricas y la zona suburbana de Teziutlán quedaron incomunicadas.

Durante el día ocurrieron deslaves y derrumbes de taludes. El agua en la cuenca del río Xoloatl alcanzaba en partes 6 metros de altura y a su paso arrastraba todo lo que encontrara. Hubo quienes murieron en esta confusión, simplemente porque salieron a buscar a sus familiares.

Esa trágica mañana Dios mandó a la XEFJ una reportera más. Sandra Vergara Landero nos preguntó en qué ayudaba. Pepe y yo le dimos la tarea de los enlaces.

Andrés Morales, entonces administrativo del Tecnológico Superior de Teziutlán, nos avisó que había desaparecidos, gente que salió en busca de familiares y se perdió. A la radio llegó un señor, escurriendo de agua y lodo, sus ojos estaban tan abiertos por el pánico que desfiguraban su rostro, quería ayuda para encontrar a sus dos hijas que el río le había arrebatado de las manos.

Había que hacer algo. Sandra asumió entonces uno de los roles fundamentales de la comunicación, al convertir teléfonos y micrófonos de la XEFJ en un sistema de enlace social eficaz.

Casi llegábamos al mediodía y el temporal no cejaba. Amadeo Andrade, director de Seguridad Pública, hacía lo que podía, no había descansado y tampoco había dormido.

Con los primeros evacuados de las zonas de riesgo habíamos organizado brigadas para que instalaran en la nave principal de la ex estación del ferrocarril el primer albergue. Empresarios maquileros regalaron cartón para aislar el frío del piso. Se habló con Aurea Ruiloba, entonces presidenta de Voluntarias Vicentinas, que llevó ropa seca y seleccionada por tallas (una gran ventaja), además de instalar una cocineta para darle comida caliente a los reubicados.

Teté Sánchez, como presidenta del DIF, usó todo lo que tenía para atender a los damnificados y sin embargo esa ayuda era insuficiente para tanta gente que empezó a llegar ensopada en agua y lodo.

Inicialmente Sandra Vergara organizó el censo de los albergues y por la radio informaba qué familias estaban en cada instalación. Se hizo muy importante este trabajo porque se redujo la confusión y la gente dejó de salir a la calle a buscar desorientada a sus familiares.

Pasada la tragedia contabilizamos más de diez mil enlaces realizados durante los primeros tres días de este desastre climático. Y cobró tal importancia este servicio social que rápidamente se regionalizó y sirvió para cruzar informes con otras radiodifusoras.

Nuevamente Dios intervino y mandó a la radio Ignacio Torres, que se dedicaba al perifoneo comercial. Acordó con Pepe Sánchez pedir a voluntarios que tuvieran una camioneta armar un convoy y él iría a la cabeza, avisando a la gente para que la ropa, los alimentos y las cobijas que quisieran regalar los llevaran a esos vehículos y con ello avituallar los albergues.

El incansable Nacho Torres fue el instrumento desde el cual ocurrió el segundo milagro en esa tragedia. Literalmente las familias teziutecas dividieron despensas y partieron sus cobijas para ayudar a quienes habían perdido todo.

Tres largos días estuvimos aislados de toda ayuda oficial estatal. La madrugada del martes 5 un auxiliar del periodista Pedro Ferriz de Con, me llamó a la redacción del periódico. Me dijo que Pepe Sánchez le había contado que en el rescate de las víctimas la gente estaba escarbando con las manos y que todo lo ocurrido era una verdadera tragedia. Pedía corroborar esa información. Le mandamos datos y fotografías.

A las cinco y media de la mañana hable directamente con Pedro Ferriz, quien de las 7 a las 7:30 de la mañana y en cadena nacional, contó lo del desastre y denunció cómo el gobernador Melquiades Morales abandonó a las víctimas y pretendió minimizar los daños.

Si el gobernador castigó a los teziutecos porque no votaron por él y los tres días más críticos les negó toda ayuda, Dios dispuso que Pedro Ferriz cambiara esta otra tragedia política, que no sólo le jalara las orejas a Melquiades Morales, sino que provocara el interés del entonces secretario de Desarrollo Social, Carlos Jarque, quien se convirtió en el mejor aliado de los serranos para empezar la reconstrucción de los daños.

Hubo muchos eventos extraordinarios, milagrosos, algunos realmente vinculados al ejercicio de comunicación.

Recuerdo que el jueves 6, precisamente cuando se supo que Jarque estaría en Teziutlán, Melquiades Morales, se le adelantó, llegó al centro y pidió que llevaran a 30 familias al palacio municipal porque les daría mil pesos de ayuda y un féretro para sus muertos. Sus indicaciones fueron claras y absurdas. La instrucción inmediata fue que se declararan solo 30 fallecidos.

El secretario de la SEDESOL ignoró las pretensiones del gobernador y se fue a La Aurora para valorar personalmente la situación. El gobernador Melquiades, un tanto molesto porque la gente empezó a gritar “queremos al Ejército no queremos al gobernador”, le dijo que mejor regresaría al palacio a darles su dinerito a las víctimas.

Carlos Jarque lo miró y le dijo en seco: “Usted se queda aquí a esperar la llegada del Ejército”…

El rostro del gobernador se desencajó aún más cuando escuchó a Carlos Jarque decirle a su jefe, vía telefónica: “Señor, esto es una verdadera tragedia”.

Los reporteros le informaron al funcionario federal que Melquiades Morales, como ayuda humanitaria sólo había mandado 200 despensas, de las cuales 100 se enviaron a Hueytamalco.

Así acabó el aislamiento de la ayuda oficial. Y si usted me perdona que lo diga otra vez, tengo que subrayar fue Dios que dispuso que fuera Carlos Jarque y nadie más, quien sirviera de conducto a su misericordia. Así nos empezamos a poner de pie otra vez.

En fin, hay mucho más qué narrarle de estos hechos y habrá que pedir tiempo para hacerlo.

Esta vez, y casi nunca lo hago, le doy mi testimonio porque en las nuevas generaciones de comunicadores habrá quién no sepa que en esa primera semana de octubre de 1999, la XEFJ, con Pepe Sánchez de mariscal de campo, realizó lo que es, hasta ahora, el ejercicio de comunicación social más importante que se haya registrado en la historia reciente de la perla serrana.

Hasta la próxima. Le dejo un fuerte abrazo.